Para preparar contabilidad para Técnico de Hacienda de forma efectiva es necesario combinar el estudio de la teoría con la práctica constante, siguiendo un orden lógico que dependerá del nivel en el que os encontréis.

Estas recomendaciones sobre normativa, resolución de supuestos y repasos también pueden orientar vuestro trabajo de contabilidad si preparáis las oposiciones a Inspectores de Hacienda, teniendo en cuenta las exigencias propias de cada examen.

En Contabilidad Avanzada ya habéis estudiado la mayor parte de la normativa. Ahora queda profundizar en ella y seguir adquiriendo soltura a medida que nos enfrentamos a supuestos más complejos.

Estudiar contabilidad por vueltas: primero los fundamentos

Hay que estudiar la norma y comprenderla, avanzando de menos a más. No tiene sentido pretender dominar lo más complejo si todavía fallamos en lo básico: si no tenéis claro el reparto del resultado, no os planteéis aún una escisión inversa.

Es como aprender un idioma: no tiene sentido memorizar vocabulario especializado del sector sanitario si todavía no sabemos pedir un café. Por eso soy partidario de estudiar por vueltas. Además, toda la materia está relacionada. Es preferible llevar el conjunto razonablemente claro —aunque sea al 60 %— en una primera vuelta y, después, aumentar progresivamente la profundidad en función del nivel de cada uno.

Dominar el 100 % de la materia no es el objetivo, ni mucho menos es necesario para aprobar.

En cada bloque de Avanzada vemos muchísimo contenido. Es un programa ambicioso, pero cada uno debe ser consciente de su punto de partida y de hasta dónde puede llegar. No pretendo que todos estudiéis el 100 % del curso. Tenéis que priorizar lo básico y, a partir de ahí, avanzar hasta donde os permita el tiempo que habéis asignado a contabilidad.

Para aprobar es importante alcanzar un dominio aceptable de todos los bloques y saber enfrentarse a los supuestos. Prefiero que dediquéis diez horas a fijar bien los fundamentos y ninguna a cuestiones muy complejas, antes que al revés.

Por ejemplo, no estudiéis las transacciones separadas si todavía no tenéis claras las cuentas de patrimonio neto y sus ajustes para repartir resultados o la adquisición de acciones propias.

Preparar contabilidad para THAC: trabajo por bloques, ejercicios y repasos

1. Identificar la normativa contable aplicable

Al comenzar un bloque, lo primero es identificar qué normas regulan la materia. Siempre resultan fundamentales los principios contables del Marco Conceptual del Plan General de Contabilidad (PGC). Por favor, dedicad unas horas a repasarlos e id interiorizándolos.

Después, identificad la normativa específica: las Normas de Registro y Valoración (NRV) del PGC, las resoluciones del ICAC que desarrollen la materia y, en contabilidad de sociedades, la Ley de Sociedades de Capital y las demás normas mercantiles que resulten aplicables.

Cuando dudéis de algo, lo primero que debéis saber es dónde se regula. El argumento nunca puede ser «en mi academia se hacía así».

Conocer las fuentes os dará seguridad al afrontar el examen: sabréis qué estáis aplicando y, si comprendéis el sentido de las normas, en ocasiones podréis deducir una solución, aunque no recordéis exactamente su regulación.

2. Valorar vuestro nivel ante el examen de contabilidad THAC

Si en un tema concreto vais flojos —por ejemplo, si domináis apenas un 35 %—, vuestro objetivo no debe ser aprender perfectamente todo el contenido del bloque. Debéis trabajar los fundamentos tantas veces como sea necesario y, si queda tiempo, abordar las cuestiones más complejas.

Hay prioridades y hay que saber identificarlas. Dedicad el tiempo necesario a entender las bases y, desde ahí, llegad hasta donde podáis.

3. Estudiar la norma, resolver ejercicios de contabilidad y corregirlos

El proceso cambia en función del dominio que tengáis de la materia.

Si ya tenéis una buena base, podéis pasar directamente a los ejercicios propuestos. Haced uno, corregidlo con la plantilla y, si lo comprendéis perfectamente, pasad al siguiente. Si tenéis dudas, ved la sesión de corrección. Si os equivocáis, revisad la corrección y repetid el ejercicio completo unos días después.

Si lleváis mal la materia, comenzad por estudiar la normativa como estudiaríais un tema de Tributario: subrayad, comprended y memorizad lo que corresponda. No se exige literalidad, pero sí comprender y retener bien la norma. Después pasad a los ejercicios, su corrección y la repetición de aquellos en los que hayáis cometido errores.

Insisto en la repetición: es una de las partes más importantes del aprendizaje. Hasta que no seáis capaces de resolver de nuevo un ejercicio, sin ayuda, sin errores y entendiendo lo que hacéis, no podéis darlo por aprendido.

4. Resolver las dudas de contabilidad y ganar autonomía

Es normal que surjan dudas durante el estudio. Muchas —la gran mayoría— debéis ser capaces de resolverlas por vosotros mismos: volviendo a la norma, revisando su aplicación en los supuestos o repitiendo el ejercicio unos días después.

No hay mejor aprendizaje que una duda que conseguimos resolver por nuestra cuenta. Significa que hemos identificado lo que nos impedía avanzar y, mediante el estudio, la reflexión y la práctica, hemos conseguido comprenderlo. Ese aprendizaje es difícil de olvidar. Es oro.

Por supuesto, podéis consultar a Ágora y a mí. Trataré de daros toda la ayuda que necesitéis, pero el proceso de comprensión tiene que ser vuestro.

Tampoco necesitáis siempre la confirmación de otra persona. Si conocéis las fuentes y vais adquiriendo soltura con los principios contables, también debéis aprender a confiar en vuestras conclusiones razonadas.

En el examen estaréis solos: será esencial saber tomar decisiones y avanzar sin apoyo, con la confianza que os haya dado el trabajo previo.

Habrá otras cuestiones que no lograréis comprender por completo porque os falte base. Yo mismo resolví muchas dudas que tuve durante la oposición años después, ya como preparador y tras trabajar diariamente con la contabilidad.

Pero comprender absolutamente todo no es imprescindible para aprobar. Os examinaréis, y espero que aprobéis, conviviendo todavía con algunas dudas.

En esos casos —que deben ser los menos posibles— puede ser necesario memorizar provisionalmente ciertos asientos o procedimientos, aunque aún no entendáis del todo su fundamento. Con el tiempo y el trabajo, terminaréis encontrándoles sentido.

5. Entrenar con supuestos de contabilidad para el examen

Una cosa es saber contabilidad y otra, distinta, aprobar el examen. Todos los años veo aprobar a opositores que llevan poco tiempo preparando y a los que, por lo tanto, les quedan cuestiones complejas que no han visto, mientras que otros, con todo trabajado, no aprueban. Esto se explica por la capacidad resolutiva y por tener muy claras las bases.

Naturalmente influye la convocatoria: las plazas, el número de opositores que concurren y el número de consolidados. Son factores que no podemos controlar. Pero también hay habilidades específicas que debemos entrenar:

  • Lectura comprensiva: entender un enunciado complejo, incluso cuando no está especialmente bien redactado. Saber detectar la intención del autor.
  • Capacidad asociativa: relacionar rápidamente los hechos del supuesto con la normativa aplicable e identificar por dónde va el problema.
  • Rapidez mental y agilidad: tomar decisiones y ponerse a trabajar sin demoras, porque el tiempo es muy limitado.
  • Precisión y presentación: responder exactamente a lo que se pide y escribir con claridad, orden y limpieza.

6. Asegurar los fundamentos antes de abordar contabilidad avanzada

Antes de abordar cuestiones avanzadas, hay una serie de conocimientos que debéis manejar con absoluta soltura:

  • Seguir los movimientos y el saldo de una cuenta en el Libro Mayor.
  • Comprender cómo cada asiento del Libro Diario afecta al balance y a la cuenta de pérdidas y ganancias.
  • Dominar el ciclo contable: registro cronológico en el Diario, traslado de movimientos al Mayor y elaboración de los estados financieros.
  • Tener interiorizado el equilibrio patrimonial: activo = patrimonio neto + pasivo. El activo muestra lo que tenemos; el patrimonio neto y el pasivo, cómo se financia.
  • Comprender la partida doble y el funcionamiento del Libro Diario: cada operación se registra, como mínimo, en dos cuentas.
  • Identificar la naturaleza de cada cuenta: activo, pasivo, patrimonio neto, ingreso o gasto, incluidas las cuentas correctoras de estas partidas, como la amortización acumulada o los socios por desembolsos no exigidos.
  • Conocer y entender las definiciones de activo, pasivo, patrimonio neto, ingreso y gasto recogidas en el Marco Conceptual del PGC.

Cuando no sepáis clasificar una cuenta en una de estas categorías, debéis preguntaros por el sentido del asiento que estáis contabilizando. Dedicad tiempo a pensar en lo que representa cada elemento.

7. Repasar contabilidad por vueltas con supuestos ya trabajados

A la vez que vamos avanzando en el estudio de nuevas materias, debemos ir repasando los temas anteriores.

El repaso prefiero hacerlo directamente con supuestos: repetir los ejercicios clave, corregirlos y repasar entonces la normativa conforme la necesitemos. Es más estimulante enfrentarnos directamente a los supuestos y, cuando necesitemos apoyo, volver al tema o a la norma.

Un recurso muy bueno para los repasos son los supuestos de examen que intercalamos cada dos bloques. Aprovechadlos para repasar las materias ya vistas.

8. Dominar las operaciones financieras necesarias para los supuestos

Dejando al margen la preparación específica de Matemáticas Financieras, para resolver los supuestos de contabilidad debéis dominar los siguientes conocimientos:

  • Valor actual de una renta constante. Conocer y saber aplicar correctamente la fórmula, imprescindible para resolver operaciones relacionadas con préstamos, empréstitos, valores representativos de deuda y arrendamientos financieros.
  • Tipo de interés efectivo. Comprender su significado, saber plantear la ecuación que permite determinarlo y resolverla utilizando la calculadora.
  • Tipos de interés nominal y efectivo. Saber distinguirlos y convertir tipos de interés anuales en tipos correspondientes a otros periodos, y viceversa.
  • Coste amortizado. Saber construir e interpretar un cuadro de coste amortizado, identificando los intereses devengados, los flujos de efectivo y la evolución del valor contable.
  • El interés en la valoración contable. Comprender el papel del tipo de interés en la valoración inicial y posterior de los activos y pasivos financieros, especialmente en el cálculo del valor actual y la aplicación del método del tipo de interés efectivo.
  • Cálculo del interés efectivo a partir de flujos de efectivo. Saber plantearlo y despejarlo a partir de la equivalencia entre lo que doy y lo que recibo.

En la preparación de THAC, mi recomendación es priorizar estos conocimientos aplicados a los supuestos de contabilidad. A quienes tengan bien dominado el resto de las materias y dispongan de tiempo suficiente, sí les recomendaría profundizar en el bloque de Matemáticas Financieras, por prudencia y para estar preparados ante cualquier eventualidad, atendiendo siempre al programa de su convocatoria.

En definitiva, es una cuestión de prioridades que cada uno debe valorar en función de su nivel de preparación y del tiempo disponible.

Recomendaciones para estudiar contabilidad en el día a día

1. La contabilidad se aprende haciendo contabilidad, no leyendo soluciones.

La mayor parte del estudio debe terminar siendo práctica: resolver ejercicios, equivocarse, corregir los errores y volver a intentarlo. Hay que intentar de verdad cada supuesto antes de consultar la respuesta, aunque salga mal. El aprendizaje está precisamente en el esfuerzo de decidir qué hacer.

2. Primero hay que entender; después llega la velocidad.

Especialmente al principio, memorizar mecánicamente asientos suele ser contraproducente. Antes hay que comprender qué operación económica se produce, qué norma se aplica y por qué se utilizan determinadas cuentas.

En las primeras vueltas quizá sea necesario memorizar algún procedimiento todavía no comprendido, pero debemos procurar que sean los menos posibles.

3. Corregir bien un supuesto es casi tan importante como hacerlo.

No basta con comprobar si el asiento coincide. Hay que identificar qué error habéis cometido, por qué, qué regla no teníais clara y cómo reconocer un problema parecido en el futuro. Convertid cada error en una regla útil para el siguiente ejercicio.

4. Volved sobre ejercicios ya realizados.

De poco sirve resolver 300 supuestos diferentes si seguís cometiendo los mismos errores. Trabajad por vueltas: ejercicio, corrección, repaso y repetición.

5. Sabed dónde se regula lo que estáis aplicando.

No os conforméis con «en mi academia me dicen que se hace así». Buscad el fundamento normativo. También al plantear dudas al profesor conviene ser precisos: identificad qué os genera la duda y, si es posible, la norma en la que se apoya vuestra propuesta.

6. No intentéis abarcarlo todo con la misma profundidad desde el principio.

Primero se construyen los fundamentos: ciclo contable, valoración, inmovilizado, existencias, instrumentos financieros básicos, patrimonio neto, etc. Después se puede profundizar en las materias más complejas.

7. Practicad ejercicios mezclados, no solo por temas.

Al aprender una materia puede tener sentido resolver diez o veinte ejercicios seguidos sobre ella. Más adelante conviene romper ese contexto.

En el examen nadie os dirá «este es un supuesto de la NRV 9.ª»: tendréis que detectar por vosotros mismos qué problema tenéis delante. De ahí la importancia de intercalar exámenes completos.

8. Trabajad con exámenes oficiales.

En un nivel avanzado son esenciales: permiten conocer la profundidad exigida, qué materias reaparecen, cómo se combinan y, sobre todo, qué es posible resolver realmente dentro del tiempo disponible en el examen.

9. No confundáis «entiendo la solución» con «sé resolver el ejercicio».

Cuando leemos una solución, casi todo parece lógico. La prueba real consiste en volver a enfrentarse al mismo problema, unas horas o unos días después, sin ayuda.

10. Dad tiempo a que el conocimiento madure.

La sensación de progreso no es lineal. Durante los primeros meses podéis sentir que no avanzáis o que estáis olvidando lo visto anteriormente.

Si trabajáis bien, estaréis asentando conocimientos que os permitirán relacionar materias y mejorar vuestra capacidad para resolver supuestos. Los exámenes oficiales y los simulacros de examen y de repaso nos servirán para volver sobre cuestiones anteriores y afianzar aquellas que todavía estaban cogidas con pinzas.

11. Priorizad lo que más rendimiento aporta.

La comprensión sólida de las materias fundamentales os dará buena parte de los resultados. No perdáis tiempo en cuestiones demasiado enrevesadas si todavía no domináis lo básico. Es la idea de la regla de Pareto 80/20 aplicada a las prioridades de estudio.

Errores habituales al preparar contabilidad para Técnico de Hacienda

  • Mirar las soluciones demasiado pronto.
  • Querer terminar todo, aunque no se entienda.
  • Acumular ejercicios sin corregirlos a fondo.
  • Estudiar únicamente las materias que mejor se os dan.
  • Abandonar los temas anteriores.
  • Obsesionarse con cuestiones residuales especialmente complejas.
  • Estudiar la teoría sin aplicarla a ejercicios.
  • Pensar que, por entender una clase, ya se sabe resolver el supuesto.

Enfrentaos de nuevo al ejercicio. Repetidlo. Comprobad que podéis resolverlo sin ayuda y entendiendo lo que hacéis.